Me imagino caminando
por los chorros
de los que hablaba
mi apá.
Una leyenda
de sirenas
esperándome en el agua.
Mis pies en el pasto,
los pedazos mojados
sintiendo
cada parte fría
de mi madre,
honrándola,
agradeciéndole.
Me lavo
dentro de sus
aguas frías.
Me despiertan.
Me alivian
los dolores internos,
todos los pequeños
infiernos.
Y las sirenas
vuelven a cantar
conmigo
otra vez.
Felices.
Porque desde niña
suelen
no oír mi voz.